Entrevistas a Testimonios
Antes de entrar al programa estaba fatal. Me dolía todo. Tenía varias lesiones, pero ninguna justificaba el nivel de dolor que tenía. Me costaba levantarme de la cama, no me podía agachar, tenía que pasar por la ducha con agua caliente un buen rato para poder moverme. Dejé el deporte, estaba de mal humor, frustrada… y además los médicos me decían que no tenía nada.
Y claro, eso es desesperante.
Llegué a una masterclass y ahí ya me pasó algo. Hicimos una práctica y terminé pensando: “Ostras, si no me duele la espalda”. Ahí dije, vale, aquí hay algo.
Entré y empecé a aplicar todo, y poco a poco fui notando cambios. No es de golpe, pero vas viendo cosas… y de repente un día te das cuenta de que puedes levantarte bien, que te puedes agachar, que la cadera ya no duele.
Ahora he recuperado mi vida. Vuelvo a hacer deporte, vuelvo a hacer mi día a día normal. Las lesiones siguen ahí, pero ya no viven conmigo todo el rato.
Y lo más importante para mí: he perdido el miedo. Antes tenía miedo a moverme, a hacer cosas, a que me doliera más… y eso ya no está.
Para mí ha sido un cambio brutal, tanto físico como emocional.
Sufrí durante 4 años de dolores intensos en el sacro, la nalga y la vejiga. La vida se había convertido en una constante lucha contra el dolor, limitando mis actividades y llenándome de miedo.
Pero gracias a Mia y su método, por fin me he liberado del dolor. De forma gradual, las molestias fueron desapareciendo hasta que se fueron por completo.
No solo el dolor físico se ha ido, sino también el miedo que lo acompañaba. Ahora puedo sentarme tranquilamente en cualquier lugar y disfrutar de mis actividades sin ninguna preocupación.
Mia es una profesional excepcional. Su empatía, conocimiento y experiencia personal con el dolor pélvico crónico fueron claves en mi recuperación. En cada sesión, aprendía algo nuevo y me desafiaba a pensar de forma diferente, a analizar mis reacciones y emociones.
Recomiendo encarecidamente este proceso a cualquier persona que sufra de dolor pélvico. Ha sido una experiencia liberadora que me ha permitido recuperar mi calidad de vida.
En tan solo 5 semanas, experimenté una notable mejoría en mis síntomas. El dolor punzante y profundo que dominaba mi sacro, especialmente en el lado izquierdo, se ha reducido muchísimo, ahora sólo tengo alguna molestia. Antes, el dolor era constante, desde la mañana hasta la noche, pero ahora prácticamente ha desaparecido.
Este cambio ha traído consigo una nueva energía y motivación a mi vida. Ya no me domina el miedo, ahora comprendo que la sanación es posible y está a nuestro alcance. Puedo disfrutar de actividades que antes me resultaban difíciles, como hacer deporte, caminar largos paseos y practicar yoga.
Encontrar a Mia ha sido un regalo del cielo. Su calidez y cercanía me han permitido sentirme cómoda y comprendida desde el primer momento. Ella ha sido mi ángel en la tierra, brindándome el apoyo necesario para caminar mi propio camino hacia la sanación.
Recomiendo este método sin dudarlo. Funciona, es real y produce un cambio radical en tu cuerpo y mente. Es la mejor inversión que he hecho en mi salud, que es vida. El precio es muy accesible por la calidad del material que recibes, el seguimiento personalizado y la sensación de ser finalmente comprendida.
Mi vida ha dado un giro de 180 grados. Mis hábitos, mis pensamientos y mi forma de ver al mundo han cambiado. Ya no juzgo, pues cada persona tiene su propio camino. Para mí, este método ha sido un despertar en busca de mi sanación.
Llevaba más de 24 años con fibromialgia, hernias, artrosis, bursitis en los dos hombros, una depresión encima y muchísima medicación. Me dolía todo el cuerpo, de arriba abajo, y mi vida era muy limitada. Yo además tengo a mi hija y necesitaba estar para ella, pero había momentos en que ya no podía más.
Llegué a la masterclass y algo me hizo clic. Pensé: esto es para mí. Me metí de lleno y fui al 100%.
Con las primeras sesiones ya empecé a notar cambios. Hoy puedo levantar los brazos, he vuelto a moverme, camino, ayudo a mi hija, duermo del tirón y he dejado una barbaridad de medicación. Incluso pastillas que llevaba años tomando.
Pero para mí no ha sido solo físico. Ha sido emocional. Yo no me conocía ya. Y siento que he vuelto a renacer. He empezado a vivir de verdad a los 56 años.
Lo que más valoro, aparte de todo lo que he mejorado, es sentirme acompañada por personas que sí entienden lo que estás pasando. Porque cuando llevas tantos años así, muchas veces te sientes muy sola.
Para mí ha sido brutal.
Vivía con dolor constante 24/7 por endometriosis. No había descanso y vivía con miedo a cómo iba a estar cada día.
Hoy el dolor ya no tiene el control, cuando aparecen molestias, sé qué hacer: bajan de intensidad y muchas veces desaparecen, pero lo más importante es que he dejado de vivir con miedo.
He vuelto a hacer cosas que antes evitaba como hacer deporte, salir y disfrutar sin estar pendiente de cómo me voy a encontrar.
El acompañamiento ha sido de 10. Sé que es una inversión importante, pero para mí ha sido un antes y un después… Ahora siento que vuelvo a tener mi vida.
Yo llegué muy agobiada con el dolor y, sobre todo, con mucho miedo. Estaba en un bucle constante de por qué me pasa esto, por qué a mí… bastante mal, la verdad. Y eso agota muchísimo.
Ahora no es que haya desaparecido todo, porque sigo teniendo algunas molestias a veces, pero nada que ver. He mejorado muchísimo, un 80%, más o menos. Pero sobre todo es que ya no lo vivo igual.
Antes me asustaba y me venía abajo, y ahora no. Ahora pienso “bueno, esto pasará” y sigo. Y eso me da mucha calma.
También he salido de bucles de culpa, exigencia, compararme… que eso me hacía bastante daño.
Tenía dudas al entrar, porque no conocía a Mia y pensé “a ver dónde me meto”… pero desde el principio sentí que era el sitio adecuado.
Lo recomendaría, porque vivir así no es vivir, es malvivir… y esto te cambia mucho.
Después de pasar un COVID muy duro, me quedé con dolores musculares y articulares, ansiedad, cansancio y una sensación de no reconocerme. La verdad es que mi vida cambió muchísimo.
Entré en el programa porque veía que no podía quedarme esperando a que desde fuera me resolvieran la vida. Necesitaba hacer algo yo, implicarme de verdad en mi recuperación.
Y he mejorado un montón… Ya no tengo esos dolores musculares y articulares, ya no me despierto con esa ansiedad de antes y, sobre todo, ya no vivo con ese miedo constante a recaer. Si hay algún momento de estrés o de cansancio y noto algo, ya no me supera como antes. Sé gestionarlo.
Para mí ha sido muy importante el acompañamiento, el seguimiento y sentirme en un lugar de seguridad y apoyo. Y también darme cuenta de que esto no iba de esperar una solución mágica, sino de aprender a escucharme, cuidarme y hacerme cargo de mi proceso.
Yo lo recomiendo de verdad. Porque no es solo mejorar el dolor. Es volver a encontrarte un poco contigo mismo.
Entré en el programa queriendo quitarme el dolor. Llevaba más de 20 años con fibromialgia, con dolor en todo el cuerpo y muchísimo cansancio. Pensaba que alguien me diría qué hacer para que desapareciera. Pero no fue eso.
Me di cuenta de que no era solo el cuerpo. Mi forma de pensar, la exigencia, el miedo… todo estaba conectado con el dolor. Y ahí empezó el cambio. El dolor ha bajado bastante, tengo más energía y puedo hacer cosas que antes ni me planteaba. Me recupero mucho más rápido. Pero lo más importante no es eso. Lo más importante es que he aprendido a quererme, a escucharme y a ponerme en mi lugar.
Siento que estoy viviendo otra vida en la misma vida.He conseguido una relación de amor conmigo misma.
Llevo con diagnóstico de migrañas con aura desde los 13 años, además de dolores cervicales, lumbares y mareos constantes. Había probado de todo: acupuntura, yoga, terapias, dietas… pero nada cambiaba realmente.
Entré en el programa porque me sentí totalmente identificada. Y ahí hice un click importante: dejar de pensar “¿y si no funciona?” y empezar a pensar “¿y si sí?”.
El mayor cambio no ha sido solo el dolor, ha sido entender todo lo que había detrás: el miedo, la exigencia, el no priorizarme. Yo sabía cuidar a los demás, pero no a mí.
Hoy las migrañas se han reducido muchísimo y llevo meses sin una. Pero, sobre todo, ya no tengo miedo. Entiendo lo que me pasa y sé qué hacer.
Ha sido una metamorfosis. No solo física, sino en cómo vivo y me trato.
Después de un episodio fuerte de ansiedad empecé con acúfenos, un pitido constante en el oído. Fue de golpe, de 0 a 100. No podía dormir, tenía muchísimo miedo y me dijeron que tenía que acostumbrarme.
Mi vida se fue reduciendo poco a poco: evitaba sitios con ruido, planes, viajar… incluso me daba miedo quedarme sola. Hoy ha mejorado muchísimo, diría que casi por completo. Pero lo más importante es que ya no le tengo miedo.
He vuelto a hacer vida normal: salir, viajar, ir a conciertos… y lo más fuerte es que hay días que ni me acuerdo. He recuperado mi vida. Y eso lo cambia todo.
Tenía contracturas en hombros, dolor cervical, mareos y migrañas.
Las contracturas y el dolor cervical han desaparecido. Las migrañas han mejorado muchísimo en frecuencia e intensidad y sigo mejorando. Ahora puedo afrontar las molestias con optimismo y utilizar las prácticas aprendidas para darme apoyo en los momentos que lo necesito.
Ahora planifico actividades sin miedo a que ese día pueda tener dolor.
Mia me ha ayudado muchísimo, tiene una gran dedicación y empatía, me ha apoyado en todo momento.
Sin duda, aconsejo esta terapia para cualquier persona con dolor crónico porque ayuda a entender cuál es la causa y proporciona las herramientas para poder gestionarlo. La inversión en salud no tiene precio, es una gran experiencia donde aprendes a mejorar tu vida y tu salud.
La experiencia ha sido totalmente positiva, además de entender los mecanismos que generan el dolor, he aprendido a priorizarme, a escuchar mi cuerpo y calmar la mente, he hecho también un cambio de patrones, he desaprendido viejas creencias y aprendido otras nuevas que van a mejorar mi calidad de vida.
Sufría de dolor de cervicales, hombro y brazo izquierdo y a veces bajaba a los dedos de la mano.
El dolor más frecuente y que llevaba años padeciendo es el del cuello y cervicales. Considero que ha disminuido notablemente y hasta tal punto de que he ganado en seguridad y ahora puedo hacer actividad física sin agobiarme y sin miedo. Ahora mismo cuando lo percibo es solamente una molestia que con movimientos y revisando los pensamientos, respiración y calma cognitiva desaparece en gran medida.
En estos tres meses logré sentirme más segura, bajar considerablemente el dolor físico, entender de verdad que su origen es neuroplástico y sobre todo no tener miedo a ser yo misma. Además, he logrado deshacerme del miedo al dolor incluso cuando siento algo.
He comenzado nuevamente con actividad física de moderada intensidad una vez a la semana sin miedo al dolor. Incluso diría que a día de hoy hacerla me ayuda a bajar el dolor y a relajarme, cuestión que hace años no podía hacer.
El programa me ha parecido sumamente acertado y práctico y Mia me parece una gran persona, con una profundidad y una experiencia que se nota en el acompañamiento. Sabe de lo que habla desde lo formativo y su propia experiencia con el dolor. Algo que para mí ha sido sumamente importante porque ha facilitado la confianza en ella y el proceso.
Desde luego que lo recomiendo porque he podido vivenciar que este proceso terapéutico ayuda a trascender el dolor y a dar herramientas para seguir trabajando y reducirlo de forma progresiva. Sin ninguna duda ha sido una muy buena inversión, así que si te lo estás pensando no lo dudes, pero sobre todo que comprométete y confíe en el proceso.
Ha sido una experiencia realmente transformadora, me siento mucho más empoderada, más confiada y alineada conmigo misma y mucho más alegre y esperanzada.
Vivía con dolor constante las 24 horas del día. Sufría de fibromialgia, dolores lumbares, pinzamiento en todas las vértebras, hernia cervical, dos hernias inguinales y fatiga. Esto limitaba enormemente mi vida, incluso para realizar actividades cotidianas.
Gracias al programa, he experimentado una mejora significativa. El dolor ha disminuido considerablemente, pasando de ser constante a ocasional. He recuperado el control de mi vida y puedo realizar las actividades que me gustan sin miedo. Incluso he vuelto a dar clases de yoga después de tres años.
Mia es una profesional excepcional. Desde el primer momento conecté con ella. Me ha ayudado a abrirme y a superar mis dudas. No tengo palabras para agradecerle todo lo que ha hecho por mí.
Recomiendo encarecidamente este programa a cualquier persona que sufra de dolor crónico. Me ha cambiado la vida. Aunque el costo económico fue un desafío para mí, hoy en día lo considero una inversión que valió la pena.
Lo que más me ha impactado de esta terapia es su eficacia y su enfoque introspectivo. Ha sido un viaje de transformación que me ha permitido mirar hacia mi interior y dejar de enfocarme solo en el exterior.
Gracias a este proceso, he perdido muchos miedos y he desarrollado la capacidad de gestionar las situaciones difíciles con mayor positividad. Confío en que todo cambio trae consigo algo bueno, y que incluso en las experiencias menos agradables se esconde la amabilidad de la vida.
Lo más significativo para mí ha sido liberarme de gran parte del miedo y las preocupaciones que me agobiaban. Ahora puedo afrontar las situaciones con mayor tranquilidad y calma.
Incluso he experimentado mejoras físicas notables. Los calambres en pies y manos que me atormentaban casi han desaparecido por completo, permitiéndome recuperar mi movilidad y disfrutar de actividades como caminar sin sentir molestias.
Esta terapia ha sido una gran inversión en mi bienestar. Funciona, y por eso la recomiendo a cualquiera que esté considerándola. Atrévete, yo también dudé al principio, pero te aseguro que te transformará. Verás la vida con nuevos ojos, aceptando y transformando lo que antes te causaba miedo y amenazaba tu tranquilidad. He aprendido a escuchar y sentir mis emociones de una manera profunda, lo que ha sido un proceso excepcional para mí.
En general, ya no sufro el dolor constante que me aquejaba. Antes experimentaba dolores migratorios que se movían desde el hombro al codo y las manos, y también sufría de lumbares al subir escaleras. Ahora, puedo realizar posturas de yoga con mayor resistencia, caminar sin que se me carguen las lumbares, y ya no se me duermen las manos por la noche.
Esta terapia me ha enseñado a observarme, a darme lo que necesito, y a sentirme bien incluso cuando hay dificultades externas. He aprendido a bajar la intensidad, a soltar temas pendientes y a avanzar en mi camino con más seguridad y sin tanto peso.
Ha sido una experiencia que me ha permitido conocerme mejor, tanto a mi cuerpo como a mis emociones. He comprendido que si guardo las emociones sin soltarlas, se quedan en mi cuerpo como cargas que debo liberar.
Recomiendo esta terapia sin duda. Te ayuda a soltar traumas y emociones bloqueadas en el cuerpo, a sentirte más libre y a descubrir un arsenal de herramientas que puedes usar en cualquier momento. Lo mejor de todo es que no tienes que hacerlo sola.
El dolor en mi tobillo era el protagonista de mi día a día. Una fractura del año pasado me había dejado con la sensación de que algo no iba bien, de que el miedo a volver a lesionarme era más fuerte que la propia lesión.
La terapia me ha ayudado a comprender que el dolor no era real, que era mi cerebro el que me enviaba señales de peligro. Ahora, sin ese miedo, puedo moverme con seguridad y disfrutar de mi vida normal, incluso he vuelto a la montaña, mi actividad favorita.
Lo recomiendo sin duda, porque ha cambiado mi vida y me ha permitido recuperar la calidad de vida que había perdido.
Los dolores crónicos me acompañaban desde hacía muchos años: cervicales, dorsales, hernia de disco lumbar, migrañas… Probé de todo, pero nada parecía funcionar. Sin muchas expectativas, decidí probar el reprocesamiento del dolor crónico con Mia Yarza.
Desde la primera sesión, algo cambió. No solo he dejado de tomar medicamentos, sino que mi actitud frente al dolor ha cambiado por completo.
Ahora puedo afrontar las molestias (que ya no son dolor) con una actitud positiva y tengo recursos para manejarlas. Además, Mia es una persona excepcional que te acompaña en todo el proceso.
Gracias a ella, he superado mis expectativas con creces.
Sufría dolores crónicos en la nuca, cervicales, dorsales, rigidez en la mandíbula… y en ocasiones me impedían hacer muchas cosas.
Ahora puedo hacer vida normal y me siento mucho más activa. He perdido el miedo al dolor y he vuelto a apuntarme a danza y yoga. Los contenidos de la terapia son completos y variados, y Mia es una persona cercana, amable y divertida. Se ha convertido en un apoyo fundamental en mi camino hacia la recuperación.
Recomiendo esta terapia sin dudarlo, porque después de probar muchas opciones, ha sido la que más me ha ayudado. No solo he aprendido a manejar el dolor, sino también a darme seguridad y apoyo en mi día a día. Ha transformado la manera en que me relaciono conmigo misma.
Mi tobillo era un obstáculo constante en mi vida. La artrosis y un injerto por un accidente de coche hacía 30 años me limitaban mucho a la hora de caminar y disfrutar. Sentía que era un enemigo que me impedía vivir con libertad.
Gracias a la terapia, aprendí a verlo con otros ojos, con más compasión hacia él y hacia mí misma. Ese cambio de mirada fue clave: dejé de luchar contra mi cuerpo y empecé a acompañarlo con cariño.
Hoy puedo hacer excursiones y, lo que parece pequeño pero para mí fue enorme: volver a ponerme zapatos bonitos, no solo “funcionales”. Me siento mucho más libre. Este verano hice paseos y caminatas que antes eran impensables.
Además de la mejoría física, descubrí cómo aceptarme a mi propio ritmo, rebajé la autoexigencia y aprendí a acompañarme con más compasión. También sumé cambios de alimentación y ejercicio que reforzaron mis avances.
El acompañamiento de Mia fue fundamental. Cercana, inteligente y cariñosa, me sostuvo en los momentos difíciles y me ayudó a dar un giro profundo en mi proceso.
Esta terapia es una experiencia transformadora que va más allá del dolor físico: hoy camino más ligera, con confianza y autoaceptación.
Mi vida se vio truncada por la neuropatía del nervio pudendo y la sacroileitis. Un dolor constante y punzante en la zona del sacro me impedía realizar mis actividades cotidianas con normalidad. La frustración y el miedo se apoderaban de mí, sin saber cómo escapar de esa agonía.
Decidí embarcarme en un programa de tratamiento para el dolor crónico, y puedo decir con total seguridad que ha sido una de las mejores decisiones que he tomado. El dolor, que antes era mi compañero inseparable, ha desaparecido casi por completo. Ahora solo siento pequeñas molestias de forma ocasional, permitiéndome disfrutar de una vida plena.
Pero este programa no solo me ha ayudado a nivel físico, sino también a nivel personal. He aprendido a gestionar mis emociones, a afrontar el dolor con una actitud positiva y a ocuparme de mi bienestar de forma integral. Mia, mi guía en este proceso, ha sido un pilar fundamental, brindándome apoyo y asesoramiento en cada momento.
Recomiendo este programa sin ninguna duda a cualquier persona que esté luchando contra el dolor crónico. Es una inversión en tu salud y en tu calidad de vida que vale la pena. No te resignes a vivir con dolor, ¡hay esperanza!
Mi cuerpo era un campo de batalla. Sufría de hernias lumbares, afectación del tibial, tendinosis glútea, neuralgia de Arnold y síndrome degenerativo en ambas rodillas. El dolor era tan intenso que me impedía caminar con normalidad, robándome la alegría y la libertad de movimiento.
Decidí darle una oportunidad al programa de tratamiento para el dolor crónico, y desde la primera sesión experimenté una notable mejoría. El dolor lumbar, que antes me limitaba tanto, desapareció casi por completo. Poco a poco, fui recuperando la movilidad y la capacidad de disfrutar de mi cuerpo.
Lo más valioso de este programa ha sido aprender a controlar el dolor. Ya no soy víctima de él, sino que tengo las herramientas para manejarlo y mantenerlo a raya. Mia, mi acompañante en este viaje, ha sido una fuente inagotable de apoyo y conocimiento.
Si estás luchando contra el dolor crónico, no lo dudes: este programa es para ti. Te ayudará a recuperar tu salud física y mental, permitiéndote vivir una vida plena y sin limitaciones. Tu salud es la mejor inversión que puedes hacer.
El dolor en la zona del abductor de la pierna, la tensión en la rodilla y los tibiales ha disminuido significativamente. Incluso tengo periodos en los que no me duele ni molesta.
El miedo también ha desaparecido prácticamente, aunque siempre hay algún momento difícil. He logrado no paralizar mi vida por el dolor. Soy consciente de que este pasa y sé cómo comunicarme con mi cerebro para tomarme la vida con más paz.
Cada sesión ha sido un empujón de energía y ánimo, además de brindarme herramientas para los momentos de crisis.
Ha sido una inversión que ha valido la pena con creces y la recomiendo porque a mí me ha ayudado muchísimo. Te proporciona herramientas que son de gran ayuda.
En solo 3 meses, el dolor en mis pies, cuello, espalda, manos y cabeza (tengo un diagnóstico de espondilitis anquilosante) ha mejorado muchísimo.
Recomiendo el programa porque me ha ayudado mucho. Es claro, fácil de entender y muy completo. Además, Mia es una gran profesional y acompañante. No tengo nada negativo que decir, ya que todas las sesiones han sido muy gratas y me han ayudado mucho. Siempre me he sentido cómodo.
Merece la pena realizarlo por la gran mejora que experimentas. Ha sido una gran experiencia, he ganado en seguridad, tengo una mejor comprensión de por qué me duelen las distintas partes del cuerpo, me escucho más, sé parar cuando no me encuentro bien y el miedo al dolor que tenía se ha reducido notablemente.
Ha sido una muy buena inversión para mí y la recomiendo porque realmente vale la pena.
Antes me sentía muy perdida, muy sola y frustrada.
He mejorado mucho, com un 80%, sobre todo en pierna, glúteos y espalda, y las crisis de dolor incapacitantes se han reducido mucho.
Ahora he recuperado cosas de mi día a día como caminar e ir a la playa con mi familia sin dolor. Además, ya no entro en pensamientos catastróficos como antes.
Utilizo las herramientas que he aprendido según el día, y para mí ha sido clave sentir apoyo y seguridad en el proceso. Tengo mucha más capacidad y me escucho mucho más.
Empecé con ánimo pero un poco exceptico, porque ya había probado cosas y no encontraba ni mejoría ni respuestas.
Cuando entré en el programa, enseguida me di cuenta que todo tenía sentido y que había estado buscando respuestas en la dirección equivocada.
Luego aún entendiendo todo pase la fase de seguir controlando en exceso y de tener poca paciencia (algo que puede ser normal en personas que llevan tiempo sufriendo), pero cuando de verdad empecé a soltar, a no juzgar, no controlar todo, no analizar el porque de todo e hice las herramientas con constancia, cuando me quise dar cuenta llegó el día en el que los síntomas empezaron a desaparecer.
Luego volvieron en algunas ocasiones incluso por días, pero paso lo mismo, los primeros días sientes angustia y miedo de volver al mismo lugar que tanto te ha hecho sufrir, lo que te lleva a volver al control, análisis, hiper vigilancia, hasta que te das cuenta que estás haciendo las mismas cosas que no te permitían avanzar, cuando vuelves a soltar, a vivir aceptando y sin miedos, todo vuelve a la calma.
Ahora sí me viene un dolor, lo siento, lo acepto pero no lo juzgo ni me cabreo con el, la mayoría de las veces se va en cuestión de horas o como mucho algún día.
Entré bastante mal… estaba hundida, sin poder con nada, ni conmigo ni con los demás. Cosas tan básicas como llevar una mochila o salir se me hacían cuesta arriba. Incluso me daba miedo viajar por no poder aguantar tantas horas sentada, especialmente en moto con mi marido que me enacanta.
Y poco a poco… porque ha sido poco a poco… empecé a cambiar cosas. He vuelto a hacer zumba al principio súper suave, a moverme más, a fortalecer la espalda, a salir a comer o cenar fuera… cosas que antes eran impensables.
Para mí el cambio fue entender el dolor desde otro sitio, desde la ciencia y ahí me hizo clic todo. No es que todo sea color de rosa, pero ahora tengo herramientas y no me siento perdida. Y sobre todo… ya no vivo igual.
Si ya has probado de todo y sigues igual… yo iría a por esto sin pensarlo demasiado porque no se puede vivir con el dolor.

























